Tarjetas bancarias: tipos y diferencias que debes conocer

- by Ana L
Manos sujetando una tarjeta delante de un ordenador

Es bien sabido que los bancos ofrecen diferentes tipos de tarjetas. Sin embargo, muchos usuarios desconocen las características que las distinguen y la forma más apropiada y ventajosa de utilizar cada una. “¿Podré aplazar mis pagos? ¿Y fraccionarlos? ¿Qué comisiones o intereses tendré que pagar?” son algunas de las preguntas que más les preocupan. A continuación enumeraremos cuáles son los principales tipos de tarjetas que existen y explicaremos sus principales rasgos y usos más adecuados.

Las tarjetas de débito

Las tarjetas de débito son el tipo de tarjeta preferido a la hora de llevar a cabo retiradas de efectivo desde cajeros automáticos, realizar transferencias de una cuenta bancaria a otra, hacer consultas de saldo, recargar las tarjetas de prepago de teléfonos móviles o realizar pagos en establecimientos (ojo, no todas las tarjetas de débito son aceptadas en todos los comercios).

Es común que las tarjetas de débito tengan limitada la cantidad máxima de dinero en efectivo que se puede retirar cada día. Además, como el importe cargado se toma directamente y de manera automática de la cuenta bancaria asociada, solo podremos disponer de los fondos que poseamos en ese momento. Una de las mayores ventajas de este tipo de tarjetas radica en que la mayoría de entidades no cobran gastos de emisión y mantenimiento y, por ende, a la hora de retirar efectivo en cajeros las comisiones suelen ser nulas (si se trata de un cajero perteneciente al propio banco) o mínimas.

Las tarjetas de crédito

Cualquier usuario de un banco puede hacer uso de una tarjeta de crédito para realizar las mismas operaciones que es posible efectuar con una tarjeta de débito. La diferencia clave estriba en que, mientras que en el caso de la tarjeta de débito los fondos de los que se puede disponer se limitan a los existentes en la cuenta asociada, los usuarios de las tarjetas de crédito pueden superar esta cantidad. En otras palabras, puede disponer de una cantidad mayor de la que dispone en su tarjeta.

Esto se debe a que, al firmar un contrato de este tipo de tarjetas, el banco abre una línea de crédito a través de la cual actúa como prestamista. La cantidad máxima que el usuario puede solicitar, que se conoce como saldo deudor, viene determinada por cada entidad bancaria y depende de la solvencia y características del cliente. Por esta razón existen diferentes tipos de tarjetas de crédito: oro, platino, classic, etc.

Los pagos efectuados con tarjetas de crédito se aplazan hasta la fecha de liquidación, que normalmente tiene lugar a final de mes. En dicha fecha el cliente deberá pagar en su totalidad la cantidad adeudada. De no ser así, y de estar el cliente en condiciones de saldar solo parte de la deuda, el banco activará los intereses de la tarjeta por el resto de la cantidad dispuesta. Estos intereses suelen variar del 12 al 20%, y se debe tener en cuenta que, por encima de estos intereses, muchas entidades cobran una cuota anual por mantenimiento y emisión que varía en función del tipo de tarjeta, del límite de crédito que posea y de los servicios que brinde.

Las tarjetas revolving

Las tarjetas revolving comparten muchos rasgos con las tarjetas de crédito: no en vano con ambas los clientes pueden hacer cargos por un importe superior a los fondos que figuran en sus cuentas bancarias. No obstante, si bien al utilizar una tarjeta de crédito el usuario tiene la capacidad de decidir si al llegar la fecha de liquidación prefiere cancelar la totalidad o solo una parte de la deuda, con las tarjetas revolving la cantidad adeudada se salda mediante el pago de una cuota mensual fija.

Aunque está en poder del usuario el modificar esta cuota, siempre hay un porcentaje máximo y mínimo que debe respetar. Cuando se haya agotado el límite máximo, y según vaya haciendo frente a las cuotas mensuales, el cliente podrá volver a beneficiarse del crédito. Por lo tanto, y esta es la más cacareada desventaja de este tipo de tarjetas, no es posible saldar la deuda en un solo pago.

De hecho, grupos de consumidores como la Asociación de Usuarios de Bancos, Cajas y Seguros (ADICAE) han dedicado duras críticas a este tipo de tarjetas por considerar que encubren préstamos de índole personal con tipos de interés desmedidos y que promueven el adeudamiento de las familias. Advierten que, pese a que las tarjetas revolving suelen carecer de cuota de emisión y en muchos casos no cobran cuota anual ni comisión por indisponibilidad, sí que pueden cobrar comisiones por cancelación anticipada si los clientes mantienen la tarjeta sin estar endeudados.

Las tarjetas prepago

Mientras que las tarjetas revolving tienen mucho en común con las tarjetas de crédito, las tarjetas prepago se asemejan más a las de débito. En efecto, el usuario solo puede solicitar la cantidad existente en la tarjeta: no es posible acceder a cantidades superiores ni disponer de un préstamo bancario.

La principal diferencia entre las tarjetas de débito y las prepago es que, en el caso de las últimas, los usuarios solo pueden disponer del saldo que se haya cargado en ellas de forma previa. Es decir, que no se encuentran asociadas a una cuenta bancaria. Son por ello, muy populares como forma de regalo, como instrumento de realizar pagos en Internet o como método para que los menores puedan disponer de una tarjeta de manera segura y apropiada para su edad.

Hay diferentes tipos de tarjetas prepago: pueden ser anónimas o identificadas, según se encuentren asociadas o no a los datos personales de los usuarios. Igualmente, dependiendo del soporte físico que tengan, distinguimos:

  • Tarjetas monedero: Contienen un chip en el cual se graba la cantidad de dinero disponible, y esta cantidad se puede ir recargando desde un cajero automático u oficina. Para disfrutar del monto disponible no es necesario estampar firma ni operar un número PIN, con lo cual las operaciones con ellas se realizan con gran rapidez.
  • Tarjeta con banda magnética: Funcionan de manera muy parecida a las tarjetas de débito tradicionales. Al igual que ellas, van asociadas a una cuenta bancaria, y se recargan a través de transferencias bancarias que se hacen a dicha cuenta.
  • Tarjetas virtuales: Estas tarjetas están diseñadas para ejecutar operaciones en línea. Carecen de soporte físico y, normalmente, de comisiones asociadas. Se emiten de forma automática una vez que conocemos el número de tarjeta, la fecha de caducidad y el número PIN.

Las tarjetas de compra o de comercio

Se trata de tarjetas configuradas como tarjetas de crédito, o, en menor medida, de débito, que emiten entidades no bancarias (si bien en algunos casos si son creadas por entidades bancarias intermediarias). Algunos ejemplos de estas entidades son grandes superficies como El Corte Inglés o Carrefour, pero también compañías aéreas como Ryanair.

Además de permitir la fracción de pagos en dichos comercios y entidades, las tarjetas de compra ofrecen ventajas adicionales, tales como la financiación libre de intereses a un plazo determinado o el disfrute de aparcamiento gratis. Es más, muchas tarjetas de compra pueden ser utilizadas en cualquier entidad, y no solo en la emisora.

Ana, publicista por vocación, es una amante del arte y la literatura. Además, le encanta viajar y sobretodo, escribir. Tiene una perspectiva bastante especial sobre el mundo y todo lo que lo rodea. Se declara amante de los animales y su entorno. ¿Su objetivo? Conocer las historias que esconde el mundo, su gente, sus culturas, sus colores, sus vestidos…, y plasmarlo en una carta, un poema o un artículo.

Escrito por: Ana L
Última actualización: